Santa Cruz
RESERVA NATURAL CABO BLANCO: VOLVER PARA REGRESAR
Junto a dos amigos del alma, Laura y Paolo, residentes de la ciudad de Puerto Deseado, emprendemos el camino hacia Cabo Blanco poco antes de mediodía. El vehículo se desliza por la ruta 281 hasta que una señal nos indica girar a la derecha. Ahora rodamos hacia el norte sobre un camino de tierra y ripio, 85 kilómetros más adelante se halla nuestra meta: la Reserva Natural Cabo Blanco. A mitad de camino comienza a caer una tenue llovizna y desde el este asoman nubes azuladas nada amistosas. Allí surgen las dudas si continuar o no nuestro viaje. Se impuso el entusiasmo, seguimos adelante. La tormenta dilata sobre la estepa patagónica esa sensación de espacio sin fin que provoca la soledad y el silencio en estos lares, yermamente quebrada ahora por el rumor de las cubiertas del vehículo sobre el ripio. Las gotas de lluvia repiquetean y huyen llevadas por el viento que se bate contra el parabrisas. Algunos Guanacos buscan inútilmente refugio, mientras las ovejas acostumbradas solo a los sonidos del silencio corren a tientas y a locas al aguzar el oído y escuchar con sobresalto la vibración del automóvil sobre el irregular camino.
Después de aproximadamente dos horas de haber partido de Puerto Deseado aparece ante nosotros sobre una prominencia del terreno El Faro de la Reserva Natural Cabo Blanco, con sus 88 metros de altura y casi 100 años de existencia. Para su construcción se utilizaron 11.000 ladrillos y 40.000 kilos de cemento. El aparato óptico fue instalado el 20 de octubre de 1917 y su puesta en funcionamiento se concretó el primero de noviembre del mismo año. El espesor de los muros es de 1,40 metros en la base y 0,30 en la parte superior; el diámetro de la torre es de 7 metros en su apoyo. Su haz de luz alcanza las 14 millas náuticas. De fondo, como en un decorado, aquellas nubes azules que nos amenazaron durante todo el viaje desatan su furia sobre el mar y la tierra. Una escalera nos conduce hasta la casa de los dos efectivos de la Armada Nacional que custodian el lugar, la cual nos brinda refugio hasta que el violento chubasco que no duró más de quince minutos se sosiegue. Luego las nubes arrastradas por el fuerte viento se dispersan hasta librar el camino a la luz del sol.




Desde el faro hacia el mar se amalgama un grupo de islotes rocosos, donde se congrega la colonia de lobos marinos de dos pelos más importante de la patagonia. Estos mamíferos están protegidos desde 1937. Son sobrevivientes de la caza despiadada que sufrieron durante los siglos XVIII y XIX debido al alto costo de su piel. Recorriendo la zona costera se encuentran nidos de cormoranes grises de cuello negro y un asentamiento de cormoranes imperiales.
Por las aguas de la hoy Reserva Natural Cabo Blanco navegaron Magallanes, Drake, Cavendish, Van Noort, Shoutern, Le Maire y Darwin. Pero el que lo bautizó con aquel nombre en 1520 fue Magallanes al divisar el color blanco de los islotes producto del guano de los cormoranes. Desde aquellos tiempos ese maravilloso accidente geográfico llamado Cabo Blanco comenzó a figurar en todas las cartas de navegación con tal nombre.
De acuerdo con los historiadores, los primeros habitantes del cabo fueron nativos de la región. En los alrededores se encontraron boleadoras, anzuelos, arpones de hueso y puntas de flechas. Distintos estudios aseguran que los sitios arqueológicos hallados en el lugar podrían atesorar más de 3.000 años de historia.Un testimonio poco conocido
Otro relato que pocos conocen, cuenta que aparentemente una expedición china llegó, entre fines de 1421 y comienzos de 1422 a lo que hoy se conoce como Cabo Blanco. La expedición, comandada por el almirante Zheng He, circunvaló la tierra en una epopeya que le demandó dos años y medio de navegación. Décadas después Hernando de Magallanes y Juan Sebastián El Cano concretarían la misma hazaña.
Las sombras comienzan a alargarse y emprendemos el regreso. En el espejo retrovisor la imagen de Cabo Blanco se va empequeñeciendo. Un rayo de sol resplandece sobre el lugar…cuando todo se transforme en sombras el faro iluminará el rumbo de los navegantes como lo viene haciendo desde hace casi 100 años.Realización: Cristina Bignone y Fernando Guillermo Ramos
Fotografías: Laura Largente, Paolo Bogetti y Cristina Bignone
Bibliografía: info@liveargentina.com / www.rebanadasderealidad.com.ar


